ÍNDICE
El partido nacionalista vasco, un siglo de nacionalismo vasco.
Europeista de inspiracion humanista Subir arriba
"Oculto entre montañas habita las dos laderas de los Pirineos occidentales un pueblo, que ha conservado por una serie de largos siglos su primitiva lengua y, en gran parte también, su antiguo régimen y costumbres...Aún en tiempos más modernos, desgarrado en dos pedazos muy desiguales y subordinado a naciones muy poderosas no han renunciado los vascos, empero, de ningún modo a su manera de ser. Los vascos han conservado siempre la peculiaridad de su carácter nacional, y ante todo el antiguo espíritu de libertad e independencia, que ya ensalzaban los escritores griegos y romanos", escribía en 1801 el político, filólogo y fundador de la Universidad de Berlín Wilhelm Von Humboldt tras recorrer, por segunda vez, Euskadi.
Humboldt encontraba a su paso a un Pueblo que había conservado durante cientos de años una forma de vida propia, amparada en leyes y costumbres ancestrales. Un Pueblo que, generación tras generación, había adoptado una manera, especial y peculiar, de entender las relaciones entre las mujeres y hombres habitaban en su territorio y entre ellos y la dura naturaleza que les rodeaba.
De la transformación brusca de la forma de vida y de gobierno de los vascos surgirá el nacionalismo vasco como sentimiento que se plasmará en un movimiento políticamente estructurado en 1895, el EAJ/PNV (Euzko Alderdi Jeltzalea/Partido Nacionalista Vasco).
Un movimiento que tras los primeros años de organización interna prestará una especial atención a la política exterior, a insertar al nacionalismo, al Pueblo vasco, dentro de la escena internacional. A esta labor el PNV ha dedicado, y dedica, una gran parte de su actuación. Desde que en 1917 participó en el Congreso de las Nacionalidades Europeas de Lausana, una parte importante de su programa y de su actuación ha estado basada en la política internacional, y en la formulación de un corpus ideológico centrado en la creación de una Europa unida, sustentada en la fuerza de naciones y comunidades naturales.
Desde que a finales de los años 30 el PNV formulara la idea de la Europa de los Pueblos hasta hoy, el nacionalismo democrático vasco ha participado en casi todos los foros y organismos que se han tomado, en serio, la idea de una Europa Unida.
Ya en 1942, en plena guerra mundial, tomó parte activa en movimientos y asociaciones europeístas. En 1947 se constituía en la Delegación vasca de París lo que, primero fueron los NEI (Nuevos Equipos Internacionales) y luego la Unión Europea de Democratacristianos, una organización que nacía para impulsar el proceso de creación europea y que reunió en su seno a muchos de los principales políticos continentales. Al formarse la Internacional Democristiana su ámbito de actuación se extendió también por América y más tarde por todo el planeta.
En 1948 el PNV participaba en el Congreso de la Haya, en donde políticos e intelectuales dieron por primera vez forma a la moderna idea de Europa. Se integró en el Movimiento Europeo y participó en los eventos más importantes que esta entidad organizó.
La política internacional del nacionalismo vasco no se circunscribió a Europa. En América mantuvo contactos con gran parte de los políticos del continente y en especial con el Departamento de Estado, a través de las Delegaciones que el Gobierno vasco creó. En la ONU desarrolló una política activa desde que en 1945 se creó este organismo. Una política que, sobre todo durante los primeros años de vida de esta entidad, fue más intensa que la de muchos de los estados miembros.
Hoy el PNV sigue manteniendo su vocación internacional, su concepción de una Europa Federal unida y con futuro. Un futuro que sólo puede darle un proceso de unión sólido y sin fisuras, asentado en lo que hoy se llaman comunidades naturales y regiones. Hoy si Humboldt podría volver a repetir el viaje que realizó en 1801, sin duda, se sorprendería por los profundos cambios que en un siglo han transformado Euskadi, pero volvería a destacar lo que el denominaba " la peculiaridad de su carácter nacional, y ante todo el antiguo espíritu de libertad e independencia" que hoy, como hace dos siglos, defienden los vascos.
Antecedentes históricos Subir arriba
Las características que distinguen a los vascos comenzaron a desarrollarse en el mismo lugar que actualmente habitan, las vertientes norte y sur de los Pirineos occidentales. Fue un resultado de la adaptación del hombre de Cro-Magnon en esta zona a los grandes cambios ambientales que se produjeron tras el final de la última glaciación, hace aproximadamente diez mil años.
El Pueblo Vasco, conformado como tal desde entonces, con su propia cultura e idioma, el euskera, posiblemente el más antiguo de Europa, ha logrado sobrevivir manteniendo su propia identidad. Viendo a lo largo de milenios aparecer y desaparecer otras culturas, reinos e imperios que la pusieron en peligro. Celtas, iberos, romanos, bárbaros, árabes, fueron escribiendo sus líneas en las páginas de una historia que raramente se ocupaba de los "persistentes" vascos.
No se dotaron de estructuras políticas propias hasta la Edad Media, y sólo en un caso llegaron a constituir un Reino, el de Navarra, que aún así no logró aglutinar a todos los vascos ni en su momento de mayor auge. Junto al Reino de Navarra se fueron articulando los Territorios Históricos de Alava, Bizkaia y Gipuzkoa, en lo que es el actual Estado español, y Lapurdi y Zuberoa, en el actual Estado francés. Estos Territorios mantuvieron una relativa independencia bajo la órbita o influencia cambiante de otros reinos, ya fuera el navarro, el castellano, el francés o incluso el inglés. En una Europa medieval en la que las estructuras políticas y administrativas dependían más de guerras, bodas, herencias y alianzas que de la voluntad de sus habitantes.
Los vascos de estos Territorios se dotaron de una peculiar organización política, una ley consuetudinaria concretada de forma escrita al terminar la Edad Media, en sus Fueros respectivos. Es decir sus propias constituciones, unas normas básicas que preservaban su soberanía y regían su convivencia. A través de ellos, por ejemplo, se proclamó la nobleza de todos sus habitantes por el mero hecho de haber nacido en territorio vasco. Lo que supuso que varios siglos antes de la Revolución Francesa, de tan singular manera, se eliminaran las diferencias estamentales. El Arbol de Gernika, el lugar en donde los vascos se reunían para tomar sus decisiones, se convirtió en el árbol sagrado de los vascos, en símbolo de libertad y democracia.
Gozaron los vascos sujetos a los ordenamientos forales, que preservaban su independencia, de lo que en los países que les rodeaban no eran sino privilegios de una nobleza minoritaria en detrimento del resto del pueblo. Eran nobles, no debiendo pagar impuestos o servir en levas militares, contaban con garantías procesales frente a la administración de justicia, y las mujeres vascas tenían personalidad jurídica independiente de los hombres. Elegían mediante votaciones públicas a sus cargos locales y a sus representantes en las Juntas o Asambleas generales de todo el territorio, sirviendo de modelo democrático a los constitucionalistas americanos tras conseguir su independencia y a los pensadores europeos que a finales del siglo XVIII establecerían los postulados ideológicos de la Revolución Liberal.
Mantenían además una vinculación con las monarquías bajo cuya influencia se encontraban por la que la corona tenía unas limitaciones expresas escritas en los diferentes Fueros, debiendo jurar el cumplimiento de las leyes vascas al acceder al trono. Por estas mismas leyes podían ser rechazados sus decretos reales por no respetar lo dispuesto en ellas. Disponían los vascos de sus propios ejércitos, moneda y fronteras.
El final del Antiguo Régimen en el Estado francés supuso a finales del XVIII la abolición por la fuerza de los Fueros de los territorios vascos continentales. Proceso que, de forma paulatina, y a lo largo del XIX, se daría igualmente en los territorios vascos peninsulares.
Los territorios vascos fueron pues, repúblicas libres y soberanas. Elegían o pactaban con sus Señores. Si el señor rompía el pacto la república volvía a la plenitud de su soberanía originaria.
Contexto histórico de la aparición del nacionalismo vasco Subir arriba
Tras el triunfo de las ideas que sustentaron la Revolución Francesa, y su enorme influencia en España, se prentendió imponer a los vascos sistemas constitucionales ajenos a sus propias leyes. En nombre de la "igualdad" se trataba de hacer "tabla rasa" de la situación precedente para convertir a los vascos en unos súbditos más del sistema constitucional. Se hacían "incompatibles" las viejas ideas con la exigencia de igualdad y libertad que "la modernidad" , amparada por el corpus ideológico de la Revolución francesa, imponía.
En las luchas dinásticas que durante este siglo se dieron en la monarquía española los vascos del sur apoyaron mayoritaria y decididamente a la facción que consideraron que mejor mantendría sus instituciones seculares, la cual, a lo largo de las Guerras Carlistas, fue sucesivamente derrotada. Tan destacado fue el apoyo vasco a la causa perdedora que al final de la última Guerra Carlista la opinión pública española acabó culpando a los vascos del conflicto, siendo abolidos definitivamente los Fueros y las instituciones forales cuando en 1876 fueron derrotados finalmente los carlistas.
Las consecuencias políticas de la derrota, que fueron sentidas por los vascos como un castigo, transcendieron a todos los órdenes de la vida cotidiana. La población que podía ahora participar en las elecciones, con el nuevo sufragio censitario impuesto, paso a ser mucha menos que con el sistema tradicional. Los jóvenes vascos debieron salir por primera vez de sus casas para prestar el servicio militar al ejército español, desconociendo la mayoría de ellos el idioma de sus mandos y de los habitantes de los territorios a los que tuvieron que desplazarse, en muchos casos hasta Cuba y Filipinas, que comenzaban sus guerras de independencia de la monarquía española.
Los niños vascos no se vieron en mejor situación que los jóvenes. Junto a las nuevas autoridades y a las tropas de ocupación del ejército español llegaron al País Vasco los nuevos maestros, al hacerse cargo ahora el Gobierno español de la educación. En su mayoría desconocían el idioma de sus alumnos y que suplían su ignorancia culpando a los niños por hablar en su propio idioma y castigándoles con la dureza de los sistemas pedagógicos en boga en la España de la época.
Al resquebrajamiento de todo el sistema político y administrativo que durante siglos había servido de base a los vascos, se unirán a finales del siglo XIX los cambios económicos y sociales que un acelerado proceso de industrialización provocarán.
Un desarrollo industrial que vino acompañado de la llegada masiva de emigrantes españoles para trabajar en la minería y siderurgia nacientes, soportando unas durísimas condiciones de vida y trabajo. Tan masivo resultó este proceso migratorio que, en muy pocos años, la población vasca de algunas zonas de Bizkaia pasó a ser una minoría frente a los recién llegados. Por lo que el proceso de aculturación dirigido desde la administración española contó con un decisivo factor añadido que llegó a poner en peligro la supervivencia de la identidad del Pueblo Vasco.
El primer nacionalismo vasco Subir arriba
"Una nación saludable está inconsciente de su nacionalidad como lo está un hombre sano de sus huesos. Pero si rompéis la nacionalidad de una nación ésta no pensará en otra cosa que en recomponerla. No prestará oídos a ningún reformador, a ningún filósofo, a ningún predicador, hasta que le otorguen su exigencia de nacionalidad. No atenderá a ningún negocio humano por vital que sea, más que al de su unificación y liberación", dijo Bernard Shaw.
Este es el sentimiento agónico del primer nacionalismo vasco formulado y liderado por Sabino de Arana, que fundó EAJ/PNV (Euzko Alderdi Jeltzalea/Partido Nacionalista Vasco) en Bilbao en 1895. Y que en 1901, ante el dramático proceso de aculturación que se estaba viviendo, pensara que "esto se nos va antes de que termine el siglo que acabamos de comenzar."
Frente a todos los inconvenientes que se le opusieron, (multas, clausuras, censuras y prisión por el delito de opinar) Sabino de Arana sacrificó su vida y hacienda en su afán por despertar la conciencia nacional de los vascos antes de que pudieran desaparecer como pueblo. Toda su actividad política duró tan solo diez años, desde 1893 hasta su muerte en 1903, a la temprana edad de treinta y ocho años, pero para entonces había logrado cumplir su objetivo difundiendo la conciencia nacional vasca entre muchos de sus compatriotas y dotando a su país de un partido político moderno, como era EAJ/PNV, que sería el eje fundamental de la actividad política del nacionalismo vasco.
El nacionalismo vasco tras Sabino Arana Subir arriba
El EAJ/PNV había experimentado un notable crecimiento durante la vida de su fundador, ampliándose tanto sus bases y su influencia por todos los territorios vascos.
EAJ-PNV consiguió conciliar las distintas maneras de entender el nacionalismo vasco. Influenciado por la formulación del principio de las nacionalidades de Italia y por la creación del Estado alemán, Sabino Arana fue contundente al afirmar la nación vasca y la exigencia de un Estado vasco, como formulación jurídico política para preservar la identidad del pueblo vasco.
Tras la muerte de Sabino de Arana el Partido Nacionalista Vasco continuó su expansión logrando constituir, tras la organización del Consejo Regional de Bizkaia en vida de su fundador, el Consejo Regional de Gipuzkoa en 1908, y los de Alava y Navarra en 1911. Este mismo año se constituyó además ELA/SOV, como sindicato nacionalista vasco. Seis años más tarde el empuje del nacionalismo vasco le llevaría a conseguir su mayor éxito electoral hasta esa fecha, logrando en 1917 la mayoría en la Diputación de Bizkaia, en el gobierno regional del Territorio.
El Partido Nacionalista Vasco, como organización política moderna, se fue conformando a medida que iba creciendo su número de afiliados como un partido-comunidad, que englobaba y encauzaba muchos aspectos de la vida de sus componentes. Interviniendo tanto en su actividad política como laboral o de ocio, festiva o deportiva, nucleada en torno a los "batzokis", centros en los que se reunían y organizaban sus miembros, procurándose contar con uno por cada localidad o barrio de la geografía vasca. Se creó un completo entramado de organizaciones vinculadas al nacionalismo vasco, además del propio EAJ/PNV y su sindicato.
Fueron precisamente las actividades realizadas por las asociaciones culturales y deportivas dependientes del PNV las que mantuvieron la difusión del nacionalismo vasco durante la Dictadura del general Primo de Rivera, durante la cual (1923-1930) no se permitió el normal desarrollo de la actividad política.
Así, antes de la proclamación de la II República española, y tras la reunificación en noviembre de 1930 de las dos formaciones en las que en 1921 se había dividido el nacionalismo vasco, EAJ/PNV pudo presentarse ante este nuevo período democrático con una mayor fuerza social y política, que le permitiría llegar a ser el principal partido político vasco. Pudiendo considerarse por ello el primer tercio del siglo XX como fundamental en el proceso de construcción nacional vasca
La sublevación militar: el PNV apuesta por la democracia. Subir arriba
"Oculto entre montañas habita las dos laderas de los Pirineos occidentales un pueblo, que ha conservado por una serie de largos siglos su primitiva lengua y, en gran parte también, su antiguo régimen y costumbres...Aún en tiempos más modernos, desgarrado en dos pedazos muy desiguales y subordinado a naciones muy poderosas no han renunciado los vascos, empero, de ningún modo a su manera de ser. Los vascos han conservado siempre la peculiaridad de su carácter nacional, y ante todo el antiguo espíritu de libertad e independencia, que ya ensalzaban los escritores griegos y romanos", escribía en 1801 el político, filólogo y fundador de la Universidad de Berlín Wilhelm Von Humboldt tras recorrer, por segunda vez, Euskadi.
Humboldt encontraba a su paso a un Pueblo que había conservado durante cientos de años una forma de vida propia, amparada en leyes y costumbres ancestrales. Un Pueblo que, generación tras generación, había adoptado una manera, especial y peculiar, de entender las relaciones entre las mujeres y hombres habitaban en su territorio y entre ellos y la dura naturaleza que les rodeaba.
De la transformación brusca de la forma de vida y de gobierno de los vascos surgirá el nacionalismo vasco como sentimiento que se plasmará en un movimiento políticamente estructurado en 1895, el EAJ/PNV (Euzko Alderdi Jeltzalea/Partido Nacionalista Vasco).
Un movimiento que tras los primeros años de organización interna prestará una especial atención a la política exterior, a insertar al nacionalismo, al Pueblo vasco, dentro de la escena internacional. A esta labor el PNV ha dedicado, y dedica, una gran parte de su actuación. Desde que en 1917 participó en el Congreso de las Nacionalidades Europeas de Lausana, una parte importante de su programa y de su actuación ha estado basada en la política internacional, y en la formulación de un corpus ideológico centrado en la creación de una Europa unida, sustentada en la fuerza de naciones y comunidades naturales.
Desde que a finales de los años 30 el PNV formulara la idea de la Europa de los Pueblos hasta hoy, el nacionalismo democrático vasco ha participado en casi todos los foros y organismos que se han tomado, en serio, la idea de una Europa Unida.
Ya en 1942, en plena guerra mundial, tomó parte activa en movimientos y asociaciones europeístas. En 1947 se constituía en la Delegación vasca de París lo que, primero fueron los NEI (Nuevos Equipos Internacionales) y luego la Unión Europea de Democratacristianos, una organización que nacía para impulsar el proceso de creación europea y que reunió en su seno a muchos de los principales políticos continentales. Al formarse la Internacional Democristiana su ámbito de actuación se extendió también por América y más tarde por todo el planeta.
En 1948 el PNV participaba en el Congreso de la Haya, en donde políticos e intelectuales dieron por primera vez forma a la moderna idea de Europa. Se integró en el Movimiento Europeo y participó en los eventos más importantes que esta entidad organizó.
La política internacional del nacionalismo vasco no se circunscribió a Europa. En América mantuvo contactos con gran parte de los políticos del continente y en especial con el Departamento de Estado, a través de las Delegaciones que el Gobierno vasco creó. En la ONU desarrolló una política activa desde que en 1945 se creó este organismo. Una política que, sobre todo durante los primeros años de vida de esta entidad, fue más intensa que la de muchos de los estados miembros.
Hoy el PNV sigue manteniendo su vocación internacional, su concepción de una Europa Federal unida y con futuro. Un futuro que sólo puede darle un proceso de unión sólido y sin fisuras, asentado en lo que hoy se llaman comunidades naturales y regiones. Hoy si Humboldt podría volver a repetir el viaje que realizó en 1801, sin duda, se sorprendería por los profundos cambios que en un siglo han transformado Euskadi, pero volvería a destacar lo que el denominaba " la peculiaridad de su carácter nacional, y ante todo el antiguo espíritu de libertad e independencia" que hoy, como hace dos siglos, defienden los vascos.
Antecedentes históricos Subir arriba
Las características que distinguen a los vascos comenzaron a desarrollarse en el mismo lugar que actualmente habitan, las vertientes norte y sur de los Pirineos occidentales. Fue un resultado de la adaptación del hombre de Cro-Magnon en esta zona a los grandes cambios ambientales que se produjeron tras el final de la última glaciación, hace aproximadamente diez mil años.
El Pueblo Vasco, conformado como tal desde entonces, con su propia cultura e idioma, el euskera, posiblemente el más antiguo de Europa, ha logrado sobrevivir manteniendo su propia identidad. Viendo a lo largo de milenios aparecer y desaparecer otras culturas, reinos e imperios que la pusieron en peligro. Celtas, iberos, romanos, bárbaros, árabes, fueron escribiendo sus líneas en las páginas de una historia que raramente se ocupaba de los "persistentes" vascos.
No se dotaron de estructuras políticas propias hasta la Edad Media, y sólo en un caso llegaron a constituir un Reino, el de Navarra, que aún así no logró aglutinar a todos los vascos ni en su momento de mayor auge. Junto al Reino de Navarra se fueron articulando los Territorios Históricos de Alava, Bizkaia y Gipuzkoa, en lo que es el actual Estado español, y Lapurdi y Zuberoa, en el actual Estado francés. Estos Territorios mantuvieron una relativa independencia bajo la órbita o influencia cambiante de otros reinos, ya fuera el navarro, el castellano, el francés o incluso el inglés. En una Europa medieval en la que las estructuras políticas y administrativas dependían más de guerras, bodas, herencias y alianzas que de la voluntad de sus habitantes.
Los vascos de estos Territorios se dotaron de una peculiar organización política, una ley consuetudinaria concretada de forma escrita al terminar la Edad Media, en sus Fueros respectivos. Es decir sus propias constituciones, unas normas básicas que preservaban su soberanía y regían su convivencia. A través de ellos, por ejemplo, se proclamó la nobleza de todos sus habitantes por el mero hecho de haber nacido en territorio vasco. Lo que supuso que varios siglos antes de la Revolución Francesa, de tan singular manera, se eliminaran las diferencias estamentales. El Arbol de Gernika, el lugar en donde los vascos se reunían para tomar sus decisiones, se convirtió en el árbol sagrado de los vascos, en símbolo de libertad y democracia.
Gozaron los vascos sujetos a los ordenamientos forales, que preservaban su independencia, de lo que en los países que les rodeaban no eran sino privilegios de una nobleza minoritaria en detrimento del resto del pueblo. Eran nobles, no debiendo pagar impuestos o servir en levas militares, contaban con garantías procesales frente a la administración de justicia, y las mujeres vascas tenían personalidad jurídica independiente de los hombres. Elegían mediante votaciones públicas a sus cargos locales y a sus representantes en las Juntas o Asambleas generales de todo el territorio, sirviendo de modelo democrático a los constitucionalistas americanos tras conseguir su independencia y a los pensadores europeos que a finales del siglo XVIII establecerían los postulados ideológicos de la Revolución Liberal.
Mantenían además una vinculación con las monarquías bajo cuya influencia se encontraban por la que la corona tenía unas limitaciones expresas escritas en los diferentes Fueros, debiendo jurar el cumplimiento de las leyes vascas al acceder al trono. Por estas mismas leyes podían ser rechazados sus decretos reales por no respetar lo dispuesto en ellas. Disponían los vascos de sus propios ejércitos, moneda y fronteras.
El final del Antiguo Régimen en el Estado francés supuso a finales del XVIII la abolición por la fuerza de los Fueros de los territorios vascos continentales. Proceso que, de forma paulatina, y a lo largo del XIX, se daría igualmente en los territorios vascos peninsulares.
Los territorios vascos fueron pues, repúblicas libres y soberanas. Elegían o pactaban con sus Señores. Si el señor rompía el pacto la república volvía a la plenitud de su soberanía originaria.
Contexto histórico de la aparición del nacionalismo vasco Subir arriba
Tras el triunfo de las ideas que sustentaron la Revolución Francesa, y su enorme influencia en España, se prentendió imponer a los vascos sistemas constitucionales ajenos a sus propias leyes. En nombre de la "igualdad" se trataba de hacer "tabla rasa" de la situación precedente para convertir a los vascos en unos súbditos más del sistema constitucional. Se hacían "incompatibles" las viejas ideas con la exigencia de igualdad y libertad que "la modernidad" , amparada por el corpus ideológico de la Revolución francesa, imponía.
En las luchas dinásticas que durante este siglo se dieron en la monarquía española los vascos del sur apoyaron mayoritaria y decididamente a la facción que consideraron que mejor mantendría sus instituciones seculares, la cual, a lo largo de las Guerras Carlistas, fue sucesivamente derrotada. Tan destacado fue el apoyo vasco a la causa perdedora que al final de la última Guerra Carlista la opinión pública española acabó culpando a los vascos del conflicto, siendo abolidos definitivamente los Fueros y las instituciones forales cuando en 1876 fueron derrotados finalmente los carlistas.
Las consecuencias políticas de la derrota, que fueron sentidas por los vascos como un castigo, transcendieron a todos los órdenes de la vida cotidiana. La población que podía ahora participar en las elecciones, con el nuevo sufragio censitario impuesto, paso a ser mucha menos que con el sistema tradicional. Los jóvenes vascos debieron salir por primera vez de sus casas para prestar el servicio militar al ejército español, desconociendo la mayoría de ellos el idioma de sus mandos y de los habitantes de los territorios a los que tuvieron que desplazarse, en muchos casos hasta Cuba y Filipinas, que comenzaban sus guerras de independencia de la monarquía española.
Los niños vascos no se vieron en mejor situación que los jóvenes. Junto a las nuevas autoridades y a las tropas de ocupación del ejército español llegaron al País Vasco los nuevos maestros, al hacerse cargo ahora el Gobierno español de la educación. En su mayoría desconocían el idioma de sus alumnos y que suplían su ignorancia culpando a los niños por hablar en su propio idioma y castigándoles con la dureza de los sistemas pedagógicos en boga en la España de la época.
Al resquebrajamiento de todo el sistema político y administrativo que durante siglos había servido de base a los vascos, se unirán a finales del siglo XIX los cambios económicos y sociales que un acelerado proceso de industrialización provocarán.
Un desarrollo industrial que vino acompañado de la llegada masiva de emigrantes españoles para trabajar en la minería y siderurgia nacientes, soportando unas durísimas condiciones de vida y trabajo. Tan masivo resultó este proceso migratorio que, en muy pocos años, la población vasca de algunas zonas de Bizkaia pasó a ser una minoría frente a los recién llegados. Por lo que el proceso de aculturación dirigido desde la administración española contó con un decisivo factor añadido que llegó a poner en peligro la supervivencia de la identidad del Pueblo Vasco.
El primer nacionalismo vasco Subir arriba
"Una nación saludable está inconsciente de su nacionalidad como lo está un hombre sano de sus huesos. Pero si rompéis la nacionalidad de una nación ésta no pensará en otra cosa que en recomponerla. No prestará oídos a ningún reformador, a ningún filósofo, a ningún predicador, hasta que le otorguen su exigencia de nacionalidad. No atenderá a ningún negocio humano por vital que sea, más que al de su unificación y liberación", dijo Bernard Shaw.
Este es el sentimiento agónico del primer nacionalismo vasco formulado y liderado por Sabino de Arana, que fundó EAJ/PNV (Euzko Alderdi Jeltzalea/Partido Nacionalista Vasco) en Bilbao en 1895. Y que en 1901, ante el dramático proceso de aculturación que se estaba viviendo, pensara que "esto se nos va antes de que termine el siglo que acabamos de comenzar."
Frente a todos los inconvenientes que se le opusieron, (multas, clausuras, censuras y prisión por el delito de opinar) Sabino de Arana sacrificó su vida y hacienda en su afán por despertar la conciencia nacional de los vascos antes de que pudieran desaparecer como pueblo. Toda su actividad política duró tan solo diez años, desde 1893 hasta su muerte en 1903, a la temprana edad de treinta y ocho años, pero para entonces había logrado cumplir su objetivo difundiendo la conciencia nacional vasca entre muchos de sus compatriotas y dotando a su país de un partido político moderno, como era EAJ/PNV, que sería el eje fundamental de la actividad política del nacionalismo vasco.
El nacionalismo vasco tras Sabino Arana Subir arriba
El EAJ/PNV había experimentado un notable crecimiento durante la vida de su fundador, ampliándose tanto sus bases y su influencia por todos los territorios vascos.
EAJ-PNV consiguió conciliar las distintas maneras de entender el nacionalismo vasco. Influenciado por la formulación del principio de las nacionalidades de Italia y por la creación del Estado alemán, Sabino Arana fue contundente al afirmar la nación vasca y la exigencia de un Estado vasco, como formulación jurídico política para preservar la identidad del pueblo vasco.
Tras la muerte de Sabino de Arana el Partido Nacionalista Vasco continuó su expansión logrando constituir, tras la organización del Consejo Regional de Bizkaia en vida de su fundador, el Consejo Regional de Gipuzkoa en 1908, y los de Alava y Navarra en 1911. Este mismo año se constituyó además ELA/SOV, como sindicato nacionalista vasco. Seis años más tarde el empuje del nacionalismo vasco le llevaría a conseguir su mayor éxito electoral hasta esa fecha, logrando en 1917 la mayoría en la Diputación de Bizkaia, en el gobierno regional del Territorio.
El Partido Nacionalista Vasco, como organización política moderna, se fue conformando a medida que iba creciendo su número de afiliados como un partido-comunidad, que englobaba y encauzaba muchos aspectos de la vida de sus componentes. Interviniendo tanto en su actividad política como laboral o de ocio, festiva o deportiva, nucleada en torno a los "batzokis", centros en los que se reunían y organizaban sus miembros, procurándose contar con uno por cada localidad o barrio de la geografía vasca. Se creó un completo entramado de organizaciones vinculadas al nacionalismo vasco, además del propio EAJ/PNV y su sindicato.
Fueron precisamente las actividades realizadas por las asociaciones culturales y deportivas dependientes del PNV las que mantuvieron la difusión del nacionalismo vasco durante la Dictadura del general Primo de Rivera, durante la cual (1923-1930) no se permitió el normal desarrollo de la actividad política.
Así, antes de la proclamación de la II República española, y tras la reunificación en noviembre de 1930 de las dos formaciones en las que en 1921 se había dividido el nacionalismo vasco, EAJ/PNV pudo presentarse ante este nuevo período democrático con una mayor fuerza social y política, que le permitiría llegar a ser el principal partido político vasco. Pudiendo considerarse por ello el primer tercio del siglo XX como fundamental en el proceso de construcción nacional vasca.
La sublevación militar: el PNV apuesta por la democracia. Subir arriba
El Partido Nacionalista Vasco se convirtió en estos años de democracia en la primera fuerza política de Euskadi, esgrimiendo como principal baza política la recuperación del autogobierno perdido. Como reivindicación fundamental reclamó al Estado un Estatuto de Autonomía, como primer paso hacia cotas de soberanía más amplias.
Nos encontramos ya ante un movimiento plenamente de masas, con una gran capacidad de movilización y con un nivel organizativo y propagandístico desarrollado. Llegaba a la mayor parte de población de Euskadi a través de sus actos multitudinarios; sus cinco diarios, y más de una docena de revistas políticas y culturales; su sindicato o los grupos como "Emakume Abertzale Batza", creado en 1921 y dirigido específicamente a la mujer o a través de asociaciones de juventud, deporte o cultura. En la mayor parte de los pueblos del País Vasco existía ya una organización municipal del Partido Nacionalista Vasco (las denominadas Juntas Municipales), y el PNV llegaba tanto a las ciudades como a los núcleos rurales.
Una mención especial merece el grupo "Emakume Abertzale Batza" que nació, como ya hemos dicho, en 1921 y que sirvió para canalizar la cada vez mayor presencia femenina en el nacionalismo. Su mayor desarrolló coincidió con la II República en la década de los años 30. Desempeñaban, al principio, funciones de apoyo, beneficencia o educación. Poco a poco también empezaron a encargarse de labores de propaganda y se integraron más activamente en la vida política y organizativa del PNV. Muchas tuvieron que huir al exilio. Otras permanecieron en Euskadi, desarrollando en la clandestinidad actividades de resistencia contra el franquismo.
El 18 de julio de 1936 Franco encabezaba la sublevación que daría lugar a un sangriento conflicto armado. El Partido Nacionalista Vasco proclamaba su adhesión al régimen republicano establecido en las urnas. "Ante los acontecimientos que se desarrollan en el Estado español -declaraba el EAJ/PNV-, y que tan directa y dolorosa repercusión pudiera alcanzar sobre Euskadi y sus destinos, el PNV declara, salvando todo aquello a que le obliga su ideología, que hoy ratifica solemnemente, que planteada la lucha entre la ciudadanía y el fascismo, entre la República y la Monarquía, sus principios le llevan indeclinablemente a caer del bando de la ciudadanía y de la República, en consonancia con el régimen democrático y republicano que fue privilegio de nuestro pueblo en su siglos de libertad".
En plena Guerra, las Cortes del Estado aprobaban el primer Estatuto de Autonomía Vasco y el dirigente nacionalista José Antonio Aguirre era elegido Lendakari -Presidente del Gobierno vasco- en un ejecutivo del que formaban parte otros partidos democráticos republicanos, aunque el sustento fundamental procedía del PNV. Frente al desorden político, administrativo y social que padeció una parte importante de las zonas republicanas, con persecuciones y matanzas indiscriminadas, el Gobierno vasco, tras salvaguardar la libertad religiosa, supo garantizar el orden en todos aquellos territorios que controlaba.
Los vascos muy poco pudieron hacer para frenar el avance de las tropas sublevadas. El superior ejército golpista, apoyado por los hombres y por la tecnología militar nazi, no tardó en conquistar el País Vasco. En abril de 1937 la población civil de Gernika sufrió la barbarie de la Guerra. Aviones nazis bombardeaban la villa emblemática del Pueblo Vasco. Gernika se convertía en símbolo de la tragedia vasca. La "cruzada cristiana" de Franco reprimió con dureza a los vascos, y no dudó en fusilar a 17 sacerdotes, entre ellos a "Aitzol", nacionalista, sindicalista y precursor de la doctrina social cristiana.
En junio de 1937 caía Bilbao, el último reducto del Gobierni de Aguirre, en poder de los franquistas. El nacionalismo, junto con todas las fuerzas políticas democráticas, iniciaba un largo exilio de cuarenta años. El grupo principal del Partido establecía su base en Francia. José Antonio Aguirre se convertía en el líder carismático, no sólo del Partido Nacionalista Vasco, sino de todos lo exiliados vascos y en uno de los baluartes de la lucha contra el régimen dictatorial.
Se abría un nuevo y desconocido período para el PNV. Había vivido con anterioridad la clandestinidad y la persecución. Pero ahora, la mayor parte del entramado organizativo nacionalista, tenía que establecerse fuera de Euskadi. Otros muchos dirigentes y militantes de base serían hechos prisioneros y fusilados o encerrados en las cárceles franquistas.
Pero la dinámica que durante años había impulsado a los nacionalistas vascos tampoco cesará ahora. Desde el exterior y desde el propio estado español, aun en las condiciones más adversas, volverán a reconstruir la estructura del partido.
En las propias cárceles franquistas un grupo de dirigentes nacionalistas, encabezados por Juan Ajuriaguerra, empezaban a preparar una incipiente red clandestina del PNV en la Península, uno de los pilares de lo que más tarde serían los Servicios Secretos Vascos y "La Resistencia".
El exilio Subir arriba
A partir de 1937 es el exterior, los exiliados, quienes marcarán las directrices políticas del nacionalismo. José Antonio Aguirre establecía su Gobierno en el exilio en París. Comenzaba una nueva etapa para el nacionalismo vasco bajo el carismático liderazgo de José Antonio Aguirre y Lekube.
El Gobierno en el exilio centrará, al principio, sus esfuerzos en instalar a las decenas de miles de refugiados vascos que tuvieron que huir de las tropas franquistas. Casi paralelamente comienza a diseñar una política internacional para tratar de convencer a las democracias europeas y americanas de la necesidad de volver a restablecer la legalidad republicana.
Como primer paso el Gobierno vasco liderado por el PNV iniciaba una ofensiva diplomática en los principales países del mundo. Abría delegaciones por casi toda América Latina, en Estados Unidos, en Gran Bretaña, Bélgica, Yugoslavia o Egipto.
Muy pronto los vascos ponían en marcha una primera delegación en los Estados Unidos, en Nueva York. Poco después le tocará el turno a Gran Bretaña. Allí Aguirre enviará a dos hombres de su máxima confianza, Antón Irala, su mano derecha en el Gobierno y a Manuel Irujo, uno de los políticos nacionalistas con mayor prestigio. Los dos tenían encomendada la misma misión, conseguir el apoyo de las dos principales democracias mundiales para la causa vasca y republicana.
Paralelamente se creaba la "Liga Internacional de Amigos de los Vascos", una organización que nacía para llenar el vacío que la clandestinidad obligada del ejecutivo no podía cubrir. Además se contaba con un grupo de presión formado por personalidades política de relevancia (obispos, escritores, políticos...) que, sobre todo en Francia, ayudarán durante estos primeros años. Personalidades como Jacques Maritain, el cardenal Verdier o el político francés E. Herriot formaron parte de esta institución. La causa de un movimiento, de profundas raíces cristianas, que se oponía a los dictados del Vaticano y que se había enfrentado a una sublevación que esgrimía como uno de sus argumentos fundamentales la "defensa de la civilización cristiana", muy pronto despertó la admiración internacional.
En 1937, aunque los vascos habían tenido que exiliarse por el empuje de las tropas franquistas, la Guerra continuaba en la Península Ibérica y el Gobierno republicano todavía controlaba amplias zonas del Estado.
El nacionalismo volcará su política internacional en conseguir una intervención internacional en el Estado que detuviera el conflicto armado e impusiera un armisticio en el que los vascos también tuvieran algo que decir. El proyecto fue discutido, al más alto nivel, en el Foreign Office, pero el Gobierno británico decidió, al final, no llevarlo a la práctica.
Entre tanto, y primero en Francia, los vascos en el exilio pondrán a disposición del gobierno galo sus servicios de información. A través de una compleja infraestructura los nacionalistas habían creado una fiable red de información dentro de la Península Ibérica que era capaz de obtener datos muy valiosos en una Europa que caminaba hacia la II Guerra Mundial. Movimientos de tropas, informaciones militares sobre Franco o planos de los nuevos aviones alemanes eras trasmitidos por los vascos a los franceses.
Poco a poco los emigrantes y exiliados vascos repartidos por el mundo irán sumándose al esfuerzo que desde Francia demandaban los dirigentes. Es ahora cuando comienzan a consolidarse las delegaciones vascas, sobre todo por América, pero también en lugares tan distantes como Praga, Filipinas, Singapur o El Cairo.
La colaboración con los aliados Subir arriba
En 1939 estallaba la Segunda Guerra Mundial. El ejército alemán invadía Bélgica en el mismo momento en el que José Antonio Aguirre visitaba a su familia en este país. El nacionalismo vasco y el Gobierno en el exilio se quedaban sin su figura más emblemática. El Lendakari debía esconderse de las tropas nazis que le buscaban por toda la Europa ocupada para entregarle a sus aliados franquistas. Incomprensiblemente los miembros destacados del PNV, junto con los servicios de prensa, propaganda e información, eran encerrados por los franceses en el campo de concentración de Gurs y liberados, únicamente, cuando las tropas nazis estaban a las puertas de Burdeos.
Con la invasión alemana de Francia gran parte de los dirigentes nacionalistas huyeron a Inglaterra, unos pocos, escondidos, permanecen en territorio galo.
En Gran Bretaña, Manuel Irujo, ante la ausencia del Lendakari, y con el apoyo del EBB (la ejecutiva del Partido Nacionalista Vasco) creaba el Consejo Nacional Vasco. Un organismo que durante la ausencia del Lendakari iba a asumir las funciones de dirección del Gobierno vasco en el exilio. Manuel Irujo asume el control de los Servicios de Información pero une su cesión a los ingleses a un reconocimiento, en el caso hipotético de que Franco entrara en Guerra, de los derechos del Pueblo Vasco.
Al mismo tiempo, los nazis tentaban a los dirigentes nacionalistas que permanecían en Francia o encerrados en las cárceles franquistas. Les proponían la colaboración con el nazismo a cambio del restablecimiento del Estatuto de Autonomía vasco bajo el régimen de Franco, en un momento en el que se daba como seguro el triunfo de las potencias del Eje."Si hicieramos eso y colaboráramos con quienes destruyeron Gernika -respondieron los dirigentes nacionalistas vascos encarcelados-, mereceríamos ser arrastrados por las calles de Euskadi" El ofrecimiento se desestimó. Juan Ajuriaguerra, encarcelado por Franco, recibió la visita de una delegación Nazi con la propuesta. Ajuriaguerra rechazó la colaboración. . Fue uno de los pocos nacionalismos étnicos de Europa que rechazó sin ambigüedad alguna las corrientes dominantes fascistas.
José Antonio Aguirre consiguió huir de Europa en plena II Guerra Mundial, en una rocambolesca aventura, que el mismo recogió en el libro "De Gernika a Nueva York, pasando por Berlín". Perseguido por los nazis recorrerá varios países europeos, entre ellos alemania, hasta conseguir salir del continente. Se establece en Nueva York, en la Delegación que el Gobierno vasco había abierto años atrás y ordenaba a todas las delegaciones vascas que se pusieran al servicio de los aliados para colaborar en la lucha contra el totalitarismo nazi. Antes de que finalizara la Guerra Civil los vascos habían organizado un red de información que, poco a poco, fue creciendo abarcando una parte importante del mundo. A través de los vascos instalados en muchos países o de los marinos se fue tejiendo la cada vez más tupida red de unos servicios de información que ahora se ponían a disposición de los aliados, al servicio de la democracia y la libertad. Estaban en el convencimiento de que, una vez restaurada ésta, todos aquellos que habían colaborado y alentado el nazismo serían sustituidos por regímenes democráticos. Entre ellos el régimen dictatorial español del General Franco.
Formaron, además, una unidad de combate, que bajo el emblemático nombre de "Brigada Vasca-Batallón Gernika" participó en operaciones militares en la Guerra, entre ellas la liberación de la Pointe-de-Grave, en la zona francesa del Médoc-Burdeos. También vascos habían participado en el "Desembarco de Normandia" y antes habían impulsado, en 1941 en Inglaterra, la formación del "Batallón de Fusileros Marinos".
Aguirre estaba seguro que todo este esfuerzo merecía la pena.
Pero la derrota del Eje en 1945 no traía consigo, tal y como pensaban los exiliados vascos, la inmediata sustitución del régimen de Franco por otro democrático en el que pudieran plantear y conseguir el derecho a la libre determinación que históricamente habían reclamado. Aguirre estaba convencido que la sustitución del franquismo era solo una cuestión de tiempo. Por eso diseñará un ambicioso programa de política internacional, apoyado por las cerca de una veintena de delegaciones vascas repartidas por todo el mundo.
En París, en 1947 en la a sede de la Delegación vasca nacían los NEI, los Nuevos Equipos Internacionales, el embrión de lo que luego fue la Unión Europea de Democratacristianos. Partidos como el democratacristiano alemán, liderado por Konrad Adenauer, rápidamente se sumaron a esta iniciativa.
Otros muchoss líderes de Gobierno europeos pertenecieron a los NEI. El PNV participaba de pleno derecho en este organismo del que José Antonio Aguirre fue Presidente de Honor. El PNV ocupaba, además, una plaza en el Consejo Directivo de esta institución.
Mientras tanto en el interior del Estado español el EAJ/PNV consolidaba su estructura clandestina, reconstruyendo las organizaciones municipales, sustento histórico del nacionalismo vasco; se crea una organización militar "Euzko Naia" y se fortalecía el servicio de información. En 1945 Juan Ajuriaguerra, una vez fuera de la cárcel, se pondrá al frente de todo este entramado, "La Resistencia".
También se potencian las Juntas Extraterritoriales del PNV, formadas en casi todos aquellos países en las que existía una colonia vasca.
Presencia en la ONU Subir arriba
José Antonio Aguirre tenía puestas sus esperanzas en la ONU, en una organización que nacía tras la II Guerra Mundial con el objetivo de ser el garante mundial que impidiera nuevos conflictos armados. El derrocamiento del régimen de Franco era el objetivo principal para la mayor parte de los partidos exiliados del Estado español. Para el PNV esto, junto al reconocimiento de una identidad propia para el Pueblo Vasco, se convertía en eje de su política.
Se confiaba que las Naciones Unidas diera cumplimiento, y además de forma "legal" a las aspiraciones nacionalistas y, también a las promesas que durante los años de conflicto se les habían hecho a los vascos por parte de los aliados. El final de la Guerra no trajo la desaparición de Franco por "cuestiones tácticas" pensaba Aguirre. Pero se abría la puerta para que desde un organismo internacional se diera cumplimiento a algo que parecía tan obvio como la restauración democrática en el Estado español. Teniendo además en cuenta que el régimen dictatorial español había colaborado durante la II Guerra Mundial con el ejercito nazi.
Desde 1945 los vascos trabajaron, día a día, en la ONU. Constituyeron una delegación semioficial, reconocida por casi todos los países que peleó, comisión tras comisión, asamblea tras asamblea, por acorralar políticamente al régimen dictatorial franquista. Su actividad frenética superó a las de muchas de las delegaciones legalmente representadas en las Naciones Unidas.
Hacia la Europa federal Subir arriba
Con el final de la Guerra surgía otro proyecto que, junto con la ONU, había entusiasmado al PNV: la creación de una Europa unida, como baluarte para el futuro del continente.
El nacionalismo vasco se aliará con aquellos sectores convencidos de que la constitución de una Europa federal era la mejor vía para asegurar el futuro del continente.
Las ideas europeístas no eran nuevas para el Partido Nacionalista Vasco. Doce años antes, y todavía en libertad, el PNV celebraba en 1933 un Aberri Eguna (el día de la patria vasca) bajo el slogan "Euzkadi - Europa", un slogan que reivindicaba una Euskadi dentro del concierto de los Estados Europeos.
Desde Londres, y en plena Guerra Mundial tres vascos, Manuel Irujo, José Ignacio Lizaso y Angel Gondra empezaron a participar con tesón en los proyectos federalistas que en la capital británica se ponían en marcha.
En 1942 el Foreign Officce impulsaba la "Unión Cultural de los Países Occidentales2, una institución que agrupaba a representantes de una gran parte de los países de Europa, muchos de ellos ocupados ya por los alemanes. Los vascos estaban representados con una Delegación propia.
En 1943, y también desde la capital británica, se vinculan a la "Federal Union", un movimiento que propugnaba la constitución una europa federada, como paso previo a una organización de carácter mundial. Los vascos conseguían, también, una delegación propia.
En 1945, y tras el final de la II Guerra Mundial, nacía el Movimiento Federalista Vasco, del que fue principal impulsor Manuel de Irujo. "No es un organismo de oportunismo político -afirmaba Irujo-. El Movimiento Federalista Vasco responde a las aspiraciones nacionales vascas fundadas en una tradición federalista que ha sido practicada por el Pueblo vasco desde hace muchos siglos... El federalismo es, además, la única fórmula de convivencia pacífica de los pueblos de la Península Ibérica y de su integración en la Europa futura".
Poco después se adscribían a "La Unión Europea de Federalistas" con sede en la ciudad suiza de Ginebra e integrada por 13 agrupaciones nacionales. Solo dos movimientos de exiliados fueron admitidos: el grupo rumano y el vasco.
A esto se unía, como ya hemos visto, la presencia constante desde 1947 en todos los foros y congresos que organizaban los NEI.
Con pocos medios económicos, solo el impresionante esfuerzo humano del nacionalismo vasco le permitió estar presente en todas estas iniciativas.
Fue José Antonio Aguirre la figura más representativa de los vascos en Europa. Fue él, el que representó a los vascos en los congresos más importantes que dieron forma a la nueva Europa.
La "Doctrina Aguirre" Subir arriba
José Antonio Aguirre se convertía, no sólo en el líder de los vascos, sino en uno de los máximo defensores de la unidad europea, una unidad que reclamaba una Euskadi en Europa en igualdad de derechos al del resto de los estados. Nacía con él lo que se denominó "La Doctrina Aguirre", defensora, hasta sus últimas consecuencias de algo aparentemente contradictorio: el nacionalismo y el federalismo.
Aguirre partía de la artificial construcción de muchos de los Estados que formaban Europa. No concebía un Estado plurinacional centralista y dominante. Un Estado , enfrentado y preocupado, por los problemas que causa un Estado dominante que intenta la absorción y asimilación, no podía progresar. Y afirmaba, a modo de ejemplo, pero con una trágica visión de futuro, que "el estado yugoslavo se debate ante el hecho diferencial de los pueblos que lo componen, cuyos sentimientos nacionales han acentuado la guerra. El afán panservio, que necesariamente es centralizador, encuentra seria oposición. Dependerá el futuro de este Estado plurinacional del acierto con que se combinen el derecho nacional -cultural y político-, es decir, el Gobierno propio de cada nacionalidad -croata, montenegrina, slovena, servia-,con las formas superiores federales o confederales que surjan de un pacto libre. Se repite el caso en Centro Europa, en el Báltico, en los Balkanes y en la Península Ibérica. Se olvida además que es un problema que afecta a cien millones de europeos, prescindiendo de otros continentes".
Apostaban los nacionalistas por una estructura basada en las comunidades naturales, y no las formaciones políticas y jurídicas que representaban los estados . Porque para el Lendakari, los pueblos se iban a convertir en los principales garantes de un futura confederación. "Nadie es más partidario de la paz y de la Norma jurídica que el pueblo o la pequeña nación, porque en su mantenimiento reside la única posibilidad de su existencia. Nadie favorecerá -aseguraba en 1943- con mayor entusiasmo que las pequeñas naciones todo cuanto contribuya al establecimiento de una norma continental universal".
Tenía muy claro que carecía de sentido que un Pueblo Vasco, dotado de autonomía, tuviera que estar presente en Europa a través de otro Estado miembro y no con voz propia y diferenciada. "Las facultades -aseguraba- que los estados habían de ceder en materia de legislación, moneda, aduana, tributaciones, migración, asistencia social, comercio exterior, política internacional, ejército, defensa y derivados, son aquellas que el régimen autónomo reserva a la soberanía del Estado".
Aguirre no podía concebir una Europa que estaba buscando un ordenamiento propio común y que quedaran aprisionados en ella hombres y pueblos.
Para él, la federación era el camino de la libertad porque nacía de compromisos entre iguales. "La filosofía política -defendía- que se orienta al futuro, al introducir notables modificaciones en el concepto de la vieja soberanía estatal, quiere consagrar y conjurar la libertad nacional de los pueblos haciéndole compatible con la participación en espacios político económicos más amplios. La garantía de los pueblos; principalmente de los pequeños; reside precisamente en estás más amplias estructuras supraestatales. El hombre ha logrado -concluía- interesar al espíritu universal hasta limitar y superar el concepto cerrado del Estado que conceptuaba doméstico cuanto sucedía dentro de sus límites. La nación sin libertad, que es, al fin, un conjunto de hombres privados de un derecho elemental, debe salir también del marco doméstico para entrar en el campo internacional y ser objeto de sus cuidados".
No era el único nacionalista que opinaba así. "Somos los primeros convencidos -aseguraba Manuel Irujo - de que Europa necesita rehacerse y de que los pueblos europeos solamente encontrarán su rehabilitación en la Unión. Creemos firmemente que esta unión sólo puede realizar si cada país cede parte de su soberanía a las instituciones continentales que van a crearse...Concebimos Europa Federal como la coexistencia de soberanías, en cuya formación jurídica estén garantizados las que corresponden a la Federación Continental y a las diversas naciones que integran Europa. Afirmamos resueltamente que la nación es lo que prevalece y que el Estado es una simple formación jurídica y política".
Los vascos desarrollaban incluso el posible procedimiento que la Europa Unida podría emplear para igualar en derechos a pueblos y nacionalidades con los estados. Reclamaban de la futura organización federal europea la creación de una sección especial que se ocupara de modo permanente de los intereses y de la protección de las nacionalidades sin Estado y en la que estas tendrían una representación permanente.
Aguirre iba más allá y pedía la promulgación de una norma jurídica que reconociese el derecho a la libertad de los pueblos que posean lo que el definía como la voluntad y la capacidad política para ejercer este derecho y que fijase las condiciones que pueblos y nacionalidades deberían de reunir para solicitarlo. Además esta futura entidad europea, según Aguirre, debía garantizar, a aquellos pueblos o naciones sin Estado, el cumplimiento de este derecho de libre determinación.
Con esta sólida doctrina política, apoyada por muchos de los dirigentes de aquella época, los vascos se abrieron un hueco en la política internacional y un reconocimiento por parte de muchas cancillerías europeas y americanas, a las que, con la extraoficialidad que el exilio imponía, tenían acceso.
El Congreso de La Haya Subir arriba
Armados con este sólido armazón ideológico el PNV acudía al Congreso de La Haya de 1948. Con José Antonio Aguirre a la cabeza, un presidente nacionalista que había sido elegido democráticamente por una mayoría de vascos. Estuvieron, mano con mano, con los principales dirigentes del continente en lo que fue el primer paso transcendental para la creación de una Europa Unida.
Defendieron allí un modelo de construcción europea nacionalista que tuviera en cuenta a las comunidades naturales.
"Es enorme -escribía Agirre- la corriente de opinión suscitada en Europa por la coincidencia de esas dos doctrinas -la social cristiana y la federalista- hasta el punto de que es lenguaje corriente, aunque no haya sido oficialmente recogido - el de hablar de la Europa futura no como una Federación de Estados sino como una federación de pueblos. Esta corriente de opinión progresista en lo federalista y en lo sindical, y cada día creciente, abre al problema vasco soluciones que hace todavía muy poco tiempo eran difícil de prever como fórmulas de resultado práctico. No sólo del ambiente general del Congreso, sino de muchas conversaciones privadas, podemos deducir la existencia de ese ambiente."
A pesar de los deseos nacionalistas, a lo que se estaba dando forma no era a la Europa de los Pueblos sino a la de los Estados. Para el PNV estas no podían ser las bases para formar una sólida europa unida y dejó oír su voz en todos los foros europeos. Dejo oír la voz de un pueblo que pedía, democracia y libertad.
En 1949, el PNV tomó la decisión de crear el Consejo Federal Español del Movimiento Europeo (CFE), una organización que debía agrupar a todas las fuerzas democráticas del exilio republicano. Un CFE, que por iniciativa nacionalistas, tenía una estructura federal.
El PNV se veía obligado a tomar la iniciativa ante la desunión del resto de los partidos. Formaba, así, un organismo que podía ser también útil para fomentar la unión tan necesaria frente al franquismo de todas las fuerzas del exilio del Estado.
En 1951 el PNV definía con claridad su doctrina europeísta.
1)- Somos Europeístas.
2)- Somos, en el europeísmo, Federalistas.
3)- Nuestro Objetivo es una Europa constituida por las entidades naturales, que respeten los derechos personales y de las entidades naturales en general y los de Euzkadi en particular, y debemos luchar por ellos aun con peligro de que sea retirada nuestra presencia.
4)- Si tenemos que hacer por motivos tácticos alguna dejación del punto anterior, tendrá que ser necesariamente avanzando sobre las posiciones ya adquiridas y de ninguna manera retrocediendo y haciendo en cada caso constar explícitamente la no renuncia de esos derechos, a no ser que por la tramitación del asunto aparezca claramente que se trata de un acto de transacción.
5)- Al mismo tiempo que esos principios europeístas se tienen que tener en cuenta en todo momento nuestra obligación de que en todas las partes en donde se pueda, sean reconocidos y respetados la personalidad nacional y el hecho vasco.
6)- En estos momentos en que nuestro mayor enemigo es el franquismo deben hacerse todos los esfuerzos en los ámbitos europeos para que:
a)-Franco no sea admitido en ningún organismo oficial o no oficial de que formen parte los pueblos europeos.
b)-Los pueblos europeos y sus organismos ejecuten actos produzcan o aceleren la caída de Franco
Las huelgas generales Subir arriba
Mientras tanto desde el interior del Estado español el PNV, a través de la Resistencia, intensificaba sus actividades clandestinas. El interior y el exterior se convertían en dos caras de la misma moneda: la lucha contra la Dictadura de Franco y el reconocimiento de los derechos históricos del Pueblo Vasco.
Las huelgas generales de 1947 y de 1951 fueron, quizás, los dos actos de resistencia más importantes que los nacionalistas vascos desarrollaron en el interior del Estado durante el exilio.
Las huelgas y la represión a que los impulsores de estas protestas fueron sometidos alcanzaron una importantísima repercusión internacional. Fueron secundadas mayoritariamente en Bizkaia y Gipuzkoa.
Poco después Franco firmaba el pacto militar con Norteamérica. Al mismo tiempo las esperanzas de una pronta construcción de una Europa federal parecían difuminarse. Sin embargo la carismática figura de José Antonio Aguirre consiguió mantener la unidad del PNV y del Gobierno vasco, en el que además participaban socialistas, republicanos y los nacionalistas de ANV. Su optimismo, aun en los momentos más difíciles del exilio, era desbordante.
En 1956 el Gobierno vasco organizaba en París el I Congreso Mundial Vasco. Se reunían vascos procedentes de todo el mundo para analizar el pasado, presente y futuro de Euskadi. Se conseguía, nuevamente, una atención de los medios de comunicación sobre el problema vasco. Fue el último gran acto de un período. Ese mismo año era secuestrado y asesinado por el presidente de la República Dominicana, Rafael Leonidas Trujillo, el Delegado del Gobierno vasco en Nueva York, Jesús Galíndez. Su lucha en pro de los derechos humanos de los pueblos americanos le llevó a la muerte. Su cuerpo nunca fue encontrado.
Las nuevas generaciones Subir arriba
En 1960 concluía otra etapa del nacionalismo vasco. Moría en el exilio un todavía joven José Antonio Aguirre. Muchos creyeron que con él moriría también la llama de la lucha por los derechos históricos del Pueblo Vasco. Pero no fue así. A Aguirre le sustituía Jesús María Leizaola, otro prestigioso líder nacionalista que como Aguirre había pasado los últimos 25 años en el exilio.
Se siguieron manteniendo los mismos objetivos. La política internacional y europeísta seguía siendo importante para el nacionalismo. La presencia vasca continuó en foros y cancillerías internacionales. En el Departamento de Estado, en el Movimiento Europeo, en las cancillerías europeas, en la Unión de Partidos Demócratas Europeos o en la Internacional Demócrata Cristiana. Los nombres de Joseba Rezola, Juan Ajuriaguerra, Xabier Landaburu o Manuel Irujo están íntimamente unidos a la historia de la Democracia Cristiana y de las iniciativas europeístas en el continente.
En 1962 se celebró el Congreso de Munich, organizado por el Movimiento Europeo, con una extraordinaria presencia vasca.
Cada vez más la estructura clandestina nacionalista en el interior de Euskadi irá cobrando mayor peso, pensando ya en la posibilidad de una no muy lejana caída de la dictadura franquista. Desde el principio del exilio, se había mantenido el embrión de unas fuerzas de seguridad y orden. Unas fuerzas que nacieron al final de la II Guerra Mundial en París, adiestradas bajo la supervisión de expertos norteamericanos.
Juan Ajuriaguerra se convierte en el indiscutible líder nacionalista. Poco a poco, se van incorporando al partido las nuevas generaciones de vascos nacidos tras la Guerra Civil.
El Partido Nacionalista vuelven a utilizar los mismos mecanismos con los que años atrás consiguieron su implantación en todos los ámbitos de la vida vasca: grupos culturales, deportivos o folclóricos. Y en 1964 el PNV organiza, por primera vez desde la Guerra Civil, el Aberri Eguna (día de la patria vasca) en el interior del País Vasco, con presencia de miles de personas. Las nuevas generaciones van tomando el relevo a los que durante años habían conseguido mantener vivo el nacionalismo vasco.
No era fácil conservar toda la actividad exterior de los años anteriores. Primero ya no se disponían de recursos económicos como para poder estar representados en todas las instituciones. Y además, eran ya demasiados años de exilio, de desgaste de muchos de los que habían participado en esta política. Pero se siguió trabajando, día a día.
"Esta doble doctrina -indicaba Leizaola a finales de los sesenta- viene siendo la nuestra. Con la precisión de que entendemos que España debe entrar en Europa, para lo cual debe aceptar las condiciones políticas de la Comunidad Económica Europea y del Consejo de Europa. En el fuego de las preguntas y respuestas que me hicieron en Caracas, en el palacio del presidente Caldera, yo mismo contesté a la pregunta de si Euzkadi entendíamos nosotros que debía entrar en Europa: "..Si, y también España". Programa sencillo, pero cuya realización exigirá tanta testarudez y constancia como la que vienen demostrando los vascos desde los tiempos del Emperador Augusto... Por cierto que la primera vez que yo veía uno de los de ETA, inmediatamente después de la muerte de Manzanas, le hice un gesto como diciendo que había que abandonar lo que Primo de Ribera llamó la dialéctica de las pistolas".
Leizaola se encontraba en sus manos, además, con otro problema: "Euzkadi ta Askatasuna" (ETA). ETA Nacía en 1959 después de escindirse el grupo Ekin de la organización juvenil del Partido Nacionalista Vasco (EGI).
El PNV, y el Gobierno vasco en el exilio que este partido sustentaba, habían renunciado, prácticamente desde el final de la II Guerra Mundial, a establecer dentro del Estado español una resistencia armada contra el franquismo. "La Resistencia" organizaba huelgas, distribuía propaganda, preparaba actividades clandestinas o realizaba actos de autoafirmación vasca. Pero ahora ETA asumía una de las pocas armas de oposición que el PNV había decidido no utilizar: la violencia.
ETA surgía a partir de un grupo de jóvenes que no había participado en la Guerra y que no estaban satisfechos con la situación política. Propugnaban el uso de la violencia para debilitar el régimen de Franco. Poco a poco su repercusión internacional empezó a ser mayor.
Desde el rechazo absoluto a cualquier forma de violencia, Leizaola siguió luchando por mantener uno de los principios por los que Aguirre había batallado durante toda su vida: la unidad de acción de todas las fuerzas del exilio contra el franquismo.
En 1966 el PNV impulsaba la creación del Equipo Español de la Democracia Cristiana que iba a representar a todos los partidos democráticos de inspiración cristiana del Estado en la Unión Europea de Demócrata Cristianos.
En Enero de 1966 el EBB hará pública una declaración política en la que definía el programa nacionalista y en el que se destacaban como puntos básicos de su acción política la democracia, la autodeterminación y la construcción de la Europa de los Pueblos.
De la dictadura a la democracia Subir arriba
De la mano de Leizaola el Gobierno vasco en el exilio se mantendría hasta que la muerte de Franco abría nuevas expectativas para Euskadi.
La Guerra Civil y los 40 años de dictadura posteriores habían dejado una sociedad fragmentada que era necesario reorganizar y construir desde el legado de intolerancia que la dictadura dejaba como poso amargo. Se iniciaba un nuevo proceso. El Estado español optaba por un modelo que rechazaba la ruptura con el régimen anterior y apostaba por una "transición" hacia un régimen democrático.
El PNV supo adaptarse al nuevo período que nacía. Durante 40 años había mantenido sus estructuras, en la clandestinidad en Euskadi y el exilio en el exterior. Había renovado, poco a poco, sus cuadros dirigentes y sus programas.
En 1977 presentaba en Pamplona un nuevo programa, acorde con las necesidades que demandaba la sociedad de finales de los años 70 y reclamaba una amnistía que supusiera un nuevo punto de partida para todos. En muy pocos años lograba reconstruir y potenciar, municipio por municipio, la compleja y eficaz estructura municipal que le había sido arrebata con la Guerra Civil.
El PNV aceptaba participar en el proceso democratizador. Se redactaba una nueva constitución que no iba a contar con el apoyo del Partido Nacionalista. El PNV reconocía el gran paso que suponía el nuevo texto, pero proponía para dar su asentimiento que se aceptara la restitución de los fueros vascos abolidos en 1839.
No se llegó a un acuerdo con el resto de las fuerzas políticas del Estado. El Partido Nacionalista Vasco abogaba por la abstención vasca ante la nueva Constitución y así quedó reflejado en las urnas del País Vasco.
La fuerza del PNV tenía su espejo en las urnas. En las elecciones generales de 1977 obtenía unos magníficos resultados y en 1979 se volvía a confirmar esta mayoría nacionalista. Los representantes vascos en el Parlamento de Madrid empezaron a trabajar para recuperar las cuotas de autogobierno perdido. Se constituía el Consejo General Vasco, un órgano preautonómico germen de lo que luego sería el Gobierno Autónomo Vasco. Se trabajaba en la redacción de un nuevo Estatuto de Autonomía para Euskadi, que fue aprobado en referéndum por los vascos. Nacía el "Estatuto de Gernika". La vía estatutaria no fue aceptaba por un nacionalismo de inspiración marxista, que optaba por copiar su modelo de los movimientos de liberación del Tercer Mundo. ETA y su entorno, de espaldas a la decisión mayoritaria del Pueblo Vasco, optaban por continuar con lo que ellos denominaban "la lucha armada" contra el Estado.
Jesús María Leizaola, terminada ya la labor de los vascos en el exilio regresaba a casa. Unos meses después se celebraban las primeras elecciones para el Gobierno autónomo vasco y el PNV lograba la victoria. Su candidato, Carlos Garaikoetxea, recogía la herencia de los lendakaris Aguirre y Leizaola.
En 1986, en el momento de mayor auge del Partido Nacionalista Vasco, sufría una nueva escisión que dividía al partido en un momento de vital importancia para el desarrollo político, económico y social vasco. Nacía un nuevo grupo Eusko Alkartasuna, que obtenía una considerable representación política en Euskadi. El PNV se fue recuperando paulatinamente de aquella traumática escisión acercándose progresivamente a las cotas alcanzadas antes de la escisión. Aun así, y en coalición con otros partidos, ha seguido hasta ahora manteniendo la jefatura del Gobierno autónomo vasco, presidido desde 1985 hasta 1998 por José Antonio Ardanza, y en adelante por J.J. Ibarretxe.
Poco a poco, el Partido Nacionalista, y no sin dificultades, fue desarrollando una política propia para Euskadi al frente del Gobierno vasco. Conseguía el Concierto Económico para Euskadi que no es otra cosa que la facultad para poder recaudar y administrar sus propios impuestos. Creaba y desarrollaba una administración pública vasca, creaba un cuerpo de Policía, la Ertzantza que hoy asume las funciones de policía integral en todo el País Vasco. Desarrollaba un sistema sanitario pionero en el Estado español; impulsaba una ambiciosa política de normalización lingüística para recupera el euskera, el idioma propio de los vascos, reprimido durante 40 años por la dictadura; asumía el reto de la modernización de la enseñanza y la investigación. Y no olvidaba una de las aspiraciones por la que durante 40 años había trabajado: la Europa de los Pueblos.
En 1987, el PNV, en la Asamblea que celebró en Zestoa, declaraba que "Euskadi es una nación y abriga la esperanza de que si la futura Europa unida es realmente democrática y, por tanto, respeta la voluntad de los pueblos que la integran, un día la Nación Vasca podrá formar parte de ella en pie de igualdad con las demás naciones de Europa".
Hoy, la Comunidad Autónoma Vasca cuenta, a pesar de las dificultades puestas por el centralismo español, con una Delegación Vasca en Bruselas, una oficina de representación ante las instituciones de la UE.
Historia de EAJ-PNV de Irún Subir arriba
A la muerte del dictador Franco, el Euzko Alberdi Jeltzailea-Partido Nacionalista Vasco reagrupa a los históricos nacionalistas con las nuevas generaciones, que sin haber vivido la guerra, habían sentido la represión y marginación civil y política, y estaban absolutamente convencidos de que el Partido era el único instrumento para servir a Euzkadi (el momento en el mundo abertzale era durisimo). El Partido tiene una vida de constante trabajo y relación humana, así como de colaboración desinteresada digno de mencionar.
En 1975 se utiliza el Oargi para charlas y reuniones varias, a la vez que algunos para conocerse. En breve espacio de tiempo se pasa a Jacobo Arbelaitz. Fue un tiempo apasionante y duro de cara a las primeras elecciones democráticas de junio de 1979.
El domingo 17 de septiembre de 1978 se inaugura oficialmente el Batzoki, después de una semana de actos y charlas.
Estando ya el Partido en el local de la Avda. de Navarra, se concurre a las citadas elecciones de junio de 1979 y contra todo pronóstico, el Euzko Alberdi Jeltzailea-Partido Nacionalista Vasco en Irun, emerge con fuerza y obtiene la alcaldía. Algunos comentarios intencionados de la época daban al Partido por desaparecido. Es una época de trabajo fantástico hasta 1986 en que tiene lugar la excisión.
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